El Valencia tiene, con Mestalla, el campo más bonito del mundo. Eso no admite discusión alguna. Con sus muchas imperfecciones debidas al paso del tiempo, con todo lo que muchas veces hace que nos quejemos, pero es precioso, es nuestro campo, es, de alguna manera, nuestra vida, porque nuestros abuelos, nuestros padres, nosotros, y nuestros hijos, no hemos conocido más casa que esa.