En Valencia hemos pasado de poner a parir a Lim por no hacer el Nuevo Mestalla, a ponerlo igual a parir por no querer quedarse en el actual campo. Esa bipolaridad tan nuestra pero llevada al extremo más absoluto, eso sí, sin ningún tipo de complejo, como si fuera algo natural, como si lo normal resultara el hecho de haber cambiado 180 grados la forma de pensar en el mismo día, e igualmente fuera un contexto totalmente válido para seguir hablando.