El Valencia no puede quedarse en Mestalla, y como llevo diciendo desde 2006, el día que se tire abajo llorará como un crío, porque no entiendo mi vida sin ese trozo de cemento. Nos guste o no, esto es así, y no tiene vuelta de hoja desde hace muchos años, pero muchos, y es curioso, porque cuando de verdad se está a punto de iniciar la fase final de las obras, después de tres lustros paradas, ahora resulta que todo el mundo sabe lo que se tiene que hacer.