El Valencia y Mestalla vivieron unos de los días más emocionantes de su historia, y eso, hablando de más de 100 años, son palabras mayores. Y no era un gran partido, no se podía ganar la Liga o accederr a otra final. Era una jornada 14, siendo colistas, y en horario más propio de la hora de comer que de ir al fútbol. Todos teníamos una especie de miedo a este encuentro, porque la carga emocional era difñilmente controlable, y nadie quería hacerlo.