La de ayer será una noche que Rubén Baraja no olvidará, no se escondió a la hora de reconocer que le habría gustado que el autobús del equipo entrara al campo por la puerta principal. Quería sentir el calor de la afición y en el terreno de juego la mecha de la magia se encendió, el equipo se lo dejó todo y la comunión con la afición fue total.