Siempre he pensado que el que se alegra del mal ajeno es un mal nacido. Y eso no significa que algunas desgracias no me den pena, pero de ahí a celebrarlo hay un trecho que sólo cruzan los que son unos indeseables y unas malas personas. Que cierren empresas y que haya gente que se vaya a la calle, quien sea y en el sector que sea, es una muy mala noticia, y quien sonríe cuando sucede, merece que le pase lo mismo.