Acaba el partido del Valencia, hemos empatado a dos cuando todo estaba perdido. Los jugadores preguntan qué pasa, si estamos salvados o no. Se buscan, se miran, consultan al cuerpo técnico, a los móviles, a los iPads. Pero hay un jugador tendido en el suelo que no mira nada de todo eso. Que llora con la cabeza entre las piernas de pura tensión, de nervios, incluso también de miedo.