La pasión selectiva por el Valencia es algo muy feo. Ahora mismo vivimos una vorágine de dos tipos muy distintos. Por un lado están los fieles valencianistas, los que van cada partido sea contra quien sea, porque ellos van a ver al Valencia. Quieren ir a Sevilla, ellos y sus hijos, y hay una lucha que me hace sentir impotencia cuando veo que hay gente que no podrá acudir porque no hay entradas para todos de ninguna de las maneras.