Esa sensación de que en el Valencia pasan los días pero no las cosas, que no es nada nuevo, es algo especialmente incómodo y desesperante, al menos para quien suscribe. Y es que desde que tengo uso de razón periodística, cuando pasan estas cosas, me desespero, porque no entiendo los parones, no entiendo que hayamos hecho muchas cosas antes, no entiendo este tiempo de la nada que hemos vivido desde que se perdió la final de la Copa del Rey.