Querido y viejo amigo, donde me he criado, donde he pasado de niño a hombre, a donde me llevó mi padre y donde yo llevaré a mi hija. Querido y viejo Mestalla, hoy tenemos otra batalla más. Después de casi 100 años, es posible que hayas perdido la cuenta de las veces que hemos ido a verte para vivir un día histórico. Y tú has sido testigo de nuestras glorias y de nuestras miserias, siempre impertérrito con tu porte y tu temple.