Que Valencia sea sede del Mundial 2030 no puede ser un problema para el Valencia Club de Fútbol. Y quien no entienda algo tan simple como esto, lo digo con respeto, tiene un problema. Y me importa un carajo si el que manda se llama Peter Lim o Pepe Ramos Costa, como pasó hace casi medio siglo con el campeonato del mundo de 1982. Las obras de Mestalla le costaron la ruina al club, y en gran medida, su descenso a su Segunda.