A falta de fichajes deslumbrantes el Valencia tiene que tirar de jugadores comprometidos y promesas para elegir a sus referentes.
José Luis Gayà
A falta de fichajes deslumbrantes el Valencia tiene que tirar de jugadores comprometidos y promesas para elegir a sus referentes.
José Luis Gayà
”Pedimos perdón al valencianismo en nombre de todos porque no se merecen todo lo que han sufrido. Ojalá esto sirva para años siguientes porque hemos jugado con fuego”. Así habla un capitán, y eso fue lo que dijo José Luis Gayà nada más terminar el partido contra el Betis el pasado domingo. "Nos hemos salvado, pero ha sido una temporada nefasta, lamentable...", decía el de Pedreguer, llamando a las cosas por su nombre, sin rodeos ni ganas de quedar bien. Un tipo que no está comprometido no hace esto de ninguna de las maneras.
Acaba el partido del Valencia, hemos empatado a dos cuando todo estaba perdido. Los jugadores preguntan qué pasa, si estamos salvados o no. Se buscan, se miran, consultan al cuerpo técnico, a los móviles, a los iPads. Pero hay un jugador tendido en el suelo que no mira nada de todo eso. Que llora con la cabeza entre las piernas de pura tensión, de nervios, incluso también de miedo.
¿José Luis Gayà va a seguir en el Valencia? La pregunta está encima de la mesa, y no tiene nada que ver con Meriton y su afán de vender y vender hasta que ya no quede nada. El año del capitán ha sido durísimo en todos los sentidos, y una montaña rusa como no recuerdo en un mismo jugador. Desde aquel día en La Cartuja, llorando a lágrima viva ante los miles de valencianistas que fueron a la final de Copa, ha visto cómo se hacía un peor equipo pero él decidía renovar poco menos que de por vida.
“Es la realidad, todos los veranos sueno como posible venta del Valencia. Estoy muy feliz aquí y quiero cumplir muchos partidos, que lo estoy haciendo. Me centro en el presente, que bastante hay ya…”. Las palabras de José Luis Gayà son de la semana pasada, y abrieron las carnes a todos aquellos que no quisieron entender al capitán.
Las celebraciones de los goles ante el Valladolid y el Celta pasarán a la historia en esta nefasta campaña, hubo poco que festejar y muchos momentos de sufrimiento. José Luis Gayà encarna a la perfección la ansiedad que ha pasado el equipo en estos meses y sus celebraciones de los goles reflejan el sentimiento valencianista que le guía. Apostó por quedarse en Mestalla aunque las cosas no le han salido bien: lesiones, la ausencia en el Mundial o algunos penaltis fallados han sido lunares negros.
Ver sufrir a José Luis Gayà es ver sufrir al Valencia. A cualquier de nosotros. Lo que está pasando este año el capitán del equipo, más allá de todo lo que vivimos a nivel colectivo, es para escribir una novela de terror, y desde luego daría mucho miedo.
No está siendo un año nada fácil para José Luis Gayà en el Valencia. Pero para nada. Y eso que no podía comenzar mejor, con su renovación, algo que se deseaba mucho más que se esperaba, pero que puso de manifiesto el compromiso del capitán con el club de su vida. Como pasa tantas veces en la vida, incluso cuando lo das todo, no es suficiente, y eso es lo que le está pasando al de Pedreguer.
A falta de fichajes deslumbrantes el Valencia tiene que tirar de jugadores comprometidos y promesas para elegir a sus referentes.
José Luis Gayà
¿José Luis Gayà va a seguir en el Valencia? La pregunta está encima de la mesa, y no tiene nada que ver con Meriton y su afán de vender y vender hasta que ya no quede nada. El año del capitán ha sido durísimo en todos los sentidos, y una montaña rusa como no recuerdo en un mismo jugador. Desde aquel día en La Cartuja, llorando a lágrima viva ante los miles de valencianistas que fueron a la final de Copa, ha visto cómo se hacía un peor equipo pero él decidía renovar poco menos que de por vida.
”Pedimos perdón al valencianismo en nombre de todos porque no se merecen todo lo que han sufrido. Ojalá esto sirva para años siguientes porque hemos jugado con fuego”. Así habla un capitán, y eso fue lo que dijo José Luis Gayà nada más terminar el partido contra el Betis el pasado domingo. "Nos hemos salvado, pero ha sido una temporada nefasta, lamentable...", decía el de Pedreguer, llamando a las cosas por su nombre, sin rodeos ni ganas de quedar bien. Un tipo que no está comprometido no hace esto de ninguna de las maneras.
“Es la realidad, todos los veranos sueno como posible venta del Valencia. Estoy muy feliz aquí y quiero cumplir muchos partidos, que lo estoy haciendo. Me centro en el presente, que bastante hay ya…”. Las palabras de José Luis Gayà son de la semana pasada, y abrieron las carnes a todos aquellos que no quisieron entender al capitán.
Acaba el partido del Valencia, hemos empatado a dos cuando todo estaba perdido. Los jugadores preguntan qué pasa, si estamos salvados o no. Se buscan, se miran, consultan al cuerpo técnico, a los móviles, a los iPads. Pero hay un jugador tendido en el suelo que no mira nada de todo eso. Que llora con la cabeza entre las piernas de pura tensión, de nervios, incluso también de miedo.
Las celebraciones de los goles ante el Valladolid y el Celta pasarán a la historia en esta nefasta campaña, hubo poco que festejar y muchos momentos de sufrimiento. José Luis Gayà encarna a la perfección la ansiedad que ha pasado el equipo en estos meses y sus celebraciones de los goles reflejan el sentimiento valencianista que le guía. Apostó por quedarse en Mestalla aunque las cosas no le han salido bien: lesiones, la ausencia en el Mundial o algunos penaltis fallados han sido lunares negros.
Ver sufrir a José Luis Gayà es ver sufrir al Valencia. A cualquier de nosotros. Lo que está pasando este año el capitán del equipo, más allá de todo lo que vivimos a nivel colectivo, es para escribir una novela de terror, y desde luego daría mucho miedo.
No está siendo un año nada fácil para José Luis Gayà en el Valencia. Pero para nada. Y eso que no podía comenzar mejor, con su renovación, algo que se deseaba mucho más que se esperaba, pero que puso de manifiesto el compromiso del capitán con el club de su vida. Como pasa tantas veces en la vida, incluso cuando lo das todo, no es suficiente, y eso es lo que le está pasando al de Pedreguer.