Peter Lim no compró el Valencia, le vendieron el Valencia, y lo hizo Amadeo Salvo con la ayuda inestimable de Aurelio Martínez y a toque de corneta, porque el acoso barriobajero que se hizo a todos aquellos que no pensaban igual, que tenían otras ideas u otras ofertas, fue más propios de gansters de poca monta que de gente civilizada. Aquella vergüenza de procesa de venta parece que no haya ocurrido, y fue el mayor acto de guerra civil que ha vivido el valencianismo, aunque muchos de los ejecutores que aquellas barbaridades parece que hayan olvidado.