Para que alguien le compre el Valencia a Peter Lim, el convenio con el Ayuntamiento debe estar firmado. Se puede pensar lo contrario, incluso pregonarlo a los cuatro vientos como si fueran las verdades del barquero o las tablas de la ley de Dios, pero el que venga a invertir muchos millones de euros, y muchos son muchos, o tiene seguridad jurídica y algo con un valor y activos, o por donde haya llegado se marchará, que clubs en venta, en España y en Europa hay todos los que podamos soñar y alguno más.
Si la mercantil no tiene algo de valor, y el convenio lo es, no tiene nada que pueda ser interesante para un inversor. Salvo que ese señor, no hablo ya de un fondo, sea tan del Valencia como nosotros y encuentre otros atractivos que van más allá del empresarial. Vamos, que eso es un cuento de hadas que, normalmente, no se va a dar.
¿Que eso haría que las acciones de Lim valgan más? Pues posiblemente, pero es que si valen menos, no vende, y si no vende, a él le da igual y nosotros somos los que estamos muertos en la bañera, se diga lo que quiera decir.
Aquí queremos el mal del Lim, que me parece muy bien, y que alguien venga a poner muchos millones contra promesas, que hace falta ser iluso. Pues bien, las dos cosas no pueden ser, es imposible, y ahora toca aplicar lo que me dijo mi padre tantas veces: en la vida, más vale perder que más perder. Y si hay quien no lo entiende, tiene un problema.