El Valencia necesita el Nuevo Mestalla para ser la máquina económica del club en el corto y medio plazo, y para poder tener un largo plazo al que agarrarse. Tampoco hace falta ser muy inteligente para ver qué están haciendo los grandes clubes en Europa. O bien remodelan sus estadios sin perder capacidad, o bien construyen otros nuevos para poder generar mucho más dinero. Paco Roig amplió Mestalla en un momento en que se quedaba pequeño, y cuando hubo más asientos, se llenó.
Eran los 90, y el tipo de negocio de hoy en día, al menos en Europa, no era el mismo. Aquella obra marcada por la polémica, generó una sentencia para derribar la tribuna y todos los problemas posteriores. El padre de Juan Soler, Bautista, lo tuvo claro al comienzo del siglo XXI, y quería un nuevo estadio en los cuarteles de La Alameda. El ejército se negó, y se encontró la ubicación de la Avenida de Las Cortes. Cuando se generó aquel plan, era bueno. Vender el actual Mestalla, en plena burbuja inmobiliaria, y con lo que se sacara, construir el nuevo, pagar la deuda y hasta hacer fichajes.
Pero Soler, Juan, y Soriano, quisieron ser más listos, y le metieron al Valencia un rejón casi de muerte. Al menos, el constructor dejó en la plantilla a los Albiol, Silva, Villa, Mata, Joaquín o Jordi Alba, cuyas ventas dieron aire al club. El Valencia necesita el Nuevo Mestalla hoy tanto como hace 15 años, porque como dijo Llorente, y en esto estoy de acuerdo, “no podemos tener un activo como este (el campo) que sólo da dinero cada 15 días, y no demasiado”. Dudar de esto es legítimo, pero para quien suscribe, en ningún caso, razonable con los tiempos que vivimos.