Siento vergüenza de volver a pedir a Mestalla que sea el alma del Valencia. Porque no sé cuántas veces lo habré hecho en vida, y más aún este año, el de su Centenario, donde no hemos tenido ni el detalle de pintarlo, y hemos fiado a él nuestras opciones de salvar una categoría que no podemos perder. Esta semana pasaba por la puerta, esas casualidades que te hacen ir de forma inesperada, y pensaba muchas cosas, pero muchas.