Actitud. Eso que tanto se echaba de menos en el inicio de temporada es la mejor palabra para definir lo que se vio en Mestalla. La afición valencianista disfrutó con unos jugadores que se entregaron como nunca lo habían hecho en este curso, presionando arriba siempre que pudieron, yendo al suelo cuando era necesario y aplicando una intensidad desconocida hasta el momento. Un equipo totalmente diferente, renovado por el cambio de una única pieza, la del entrenador. Sin Nuno Espirito Santo, el Valencia CF volvió a ser un equipo.