Cuando te llevas una bofetada futbolística grande, por mucho que el Valencia se la haya ganado a pulso con una Champions League mediocre, la noche de autos suele ser larga y caliente, y el grama drama viene a la mañana siguiente, con la sensación de vacío, de amargura, con una carga de conciencia que no te deja ni levantar de la cama, y con el cabreo frío que es mucho peor que el que tenías una horas antes. Hay que tomarse la píldora del día después… de una derrota dura.
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