Peter Lim llegó al Valencia de la mano de Amadeo Salvo en el proceso de venta más vergonzoso de la historia, que todo hay que decirlo, y no precisamente por culpa del empresario asiático, y gran parte del valencianismo, porque todo el mundo siempre es mucho, lo vio como una especie de Salvador, de Rey Midas, que arribó a Mestalla como si fuera el Elegido, y todo ello dentro de un ambiente de euforia desatada que parecía no tener fin.
