“El Valencia se muere” es una frase que, con 47 años que tengo, he escuchado demasiadas veces. Y es posible que por ello me genere menos efecto del que debería, un poco como el cuento del lobo. Y quizá me ocurra que un día sea verdad, como podría ser ahora, y no le preste la atención debida. No voy a negar todo esto porque ciertamente puede ser así, pero una frase como esa, que destila contundencia y miseria, y mucho miedo, es algo que deberíamos refrendar de un modo mucho más contundente.