El gran misterio del Valencia 2025 es cada uno de sus fichajes. Porque la gran mayoría no los estamos viendo venir, sólo cuando están casi hechos, y perseguimos muchas veces sombras por todas partes, algo que tampoco ayuda nada a que el clima social del entorno, del aficionado en definitiva, esté un poco menos cabreado de lo que está, que como todos sabemos y es más que comprensible, lo está a unos niveles más que importantes.
El caso de Santamaría es el último, o penúltimo, porque de repente la cascada de nombres ha vuelto a ser en tropel, y de la más absoluta miseria deportiva hemos pasado a que igual hay que hacer turnos en Manises para poder darles la bienvenida a todos. Pero siempre con un halo de sombra complicado, con una sensación de andar perdidos muy grande, y eso genera mucha más impotencia, porque tampoco sabemos muy bien cómo buscar.
Seguimos empeñados en hacer ver que lo sabemos nada, y la cruda realidad es que sabemos lo que sabemos, y que lo contrastamos cuando podemos, que normalmente es poco antes de que sea oficial, para bien o para mal. Pero vivimos en una época en la que hay que generar contenidos a toda pastillas, que hay que dar producto, de la calidad que sea, y si hay que decir una cosa y la contraria, en diez minutos, pues se hace, no hay problema.