Este es un consejo para todos aquellos aficionados del Valencia que se van a tomar el partido de hoy como si fuera una más, cuando por supuesto no lo es. Para los que no miran pelo y silban cuando el equipo no juega bien, o insultan como si fuera una sana costumbre, a aquel jugador o jugadores que les caen mal o no les parecen bien. A todos aquellos que vayan con ese chip a Sevilla, que se bajen del autobús, del coche o del tren, porque allí no pintan nada. A los que lo piensen y se queden en casa, que se vayan a dar un paseo a la playa, sin móvil, y a eso de las 23 horas ya vuelven a ver cómo ha quedado el tema. Y si hay prórroga, que se vuelvan a marchar.
No, hoy no es un partido más, es una final de la Copa del Rey. Será la número 17 desde que jugamos la primera en 1934, y eso quiere decir que lo normal no es estar, más bien al contrario. No se puede afrontar, desde el punto de vista del aficionado, como si fuera un encuentro normal y corriente. En un año en el que no paramos de decirnos a nosotros mismos lo mucho que hemos madurado, lo que hemos crecido y lo que hemos evolucionado, es un momento perfecto para seguir demostrando que esto es así. No entramos en ganar o perder, que eso será otra cosa, hablamos de cómo vivirlo, de cómo transmitirlo a nuestros hijos. Pensemos y seamos tan “mayores” como debemos ser.