El Valencia está tocado por la mano del dios del fútbol. Y la De Dios, y la de la Virgen de los Desamparados y la fuerza de cientos de miles de valencianistas de todo el mundo. El gol de Guedes en el tiempo añadido que dio al equipo el pase a los cuartos de final de la Europ League es mucho más que eso. Fue suerte, si, en parte, porque el equipo no estuvo bien y quizá mereció perder en Rusia, pero es posible también que aquel remate de Gameiro con 2-0 en el marcador debía haber entrado y no lo hizo, cambiando luego todo la historia del choque. Este equipo hubiera caído hace tres meses de forma irremediable, porque no sabía ni atarse eso zapatos, o al menos no lo hacía bien. Marcelino ha arriesgado mucho en el último mes, y le ha salido de escándalo.
Tiene al equipo vivo en la Liga, a tiro de meterse muy cerca de la Champions League si se gana al Getafe, finalista de la Copa del Rey y en cuartos de final de la Europa League. Y lo mejor de todo es que tiene a todos sus jugadores metidos, en la rueda, con minutos y con hambre. Están enchufados casi todos los futbolistas de la plantilla, y eso es algo casi imposible de conseguir a estas alturas de año, cuando ya están claros los titulares y los suplentes. Si, si el Valencia está tocado por la mano de Dios y trabajado por un señor llamado Marcelino García Torial.