El Valencia, y su afición, se merecen un partido en el que las cosas salgan bien. Todas. Ese típico partido que se suele dar al cabo de un año en el que todo sale a pedir de boca, rodado, y en el que ganas casi sin darte cuenta, por pura inercia. Lo hemos visto muchas veces, incluso este año recuerdo el día del Getafe, que entraba todo, hasta cuando iba fuera.