El Valencia es la gran excusa para muchos, nunca el fin último de las cosas que se hacen. Lo llevo pensando, y diciendo, muchos años, y el gran problema no es que eso se me pase a mí por la cabeza, es que los hechos, los actos, y los no hechos y los no actos, apuntan siempre en esa dirección, sin lugar a ninguna duda. Y los bandazos, porque esos giros bruscos de rumbo también son un síntoma claro que primero yo, luego yo, y después, yo.