Y el puto Valencia lo volvió a hacer, volvió a ganar en Madrid, a callar el Bernabéu, a dar un paso de gigante en su pobre objetivo de no acabar en Segunda, y a ayudarnos a todos a recuperar parte de ese orgullo que creíamos olvidado después de todos estos años de podredumbre en demasiados sentidos. El gol de Hugo Duro fue una explosión brutal de mil cosas.