La historia del Valencia contemporáneo debe cambiar, de forma radical, en 180 grados. 2019 fue el principio del fin a una buena época, no extraordinaria, no nos volvamos locos ni menospreciemos nuestra propia historia, pero sí buena.
La historia del Valencia contemporáneo debe cambiar, de forma radical, en 180 grados. 2019 fue el principio del fin a una buena época, no extraordinaria, no nos volvamos locos ni menospreciemos nuestra propia historia, pero sí buena.
Si eres del Valencia, es imposible no emocionarte con José Luis Gayà. En estos tiempos oscuros que nos ha tocado vivir, él es una de esas cosas que nos recuerda muy bien quiénes somos, y quiénes queremos volver a ser. Ese compromiso inquebrantable de los que están donde quieren estar, que saben dónde están, y que tienen muy claro que el escudo va por delante de todo y de todos, y si hay que jugar sangrando, se juega sangrando.
1 de mayo y seguimos sin saber muchas cosas básicas del Valencia del año que viene. Seguimos sin saberlas nosotros, porque quiero pensar que dentro sí lo tienen claro, que eso sí sería para preocuparse. Y que lo tengan claro tampoco es que sea algo como muy optimista por necesidad, porque las órdenes que pueden haber llegado desde Singapur pueden ser cualquier cosa, pero cualquiera, y ya deberíamos tener claro a estas alturas que ahí no se puede hacer nada.
¿El Valencia va a vender a Mosquera? ¿No existe otra alternativa para el central alicantino? ¿Es imposible que pueda renovar con una cláusula “moderada” y seguir aquí más allá de 2025? ¿O incluso de 2026? ¿Ha empezado el baile en el que todo vale y donde las noticias, o más bien rumores, van a ser el pan nuestro de cada día?
En el Valencia tenemos que pensar en ganar a Las Palmas, sin más, y de alguna forma, sin menos, que lo del sábado no va a ser nada fácil, que ellos se juegan la vida y eso da una energía extra que nosotros conocemos muy bien.
El Valencia prepara el importante compromiso ante la UD Las Palmas, es el momento de rematar el buen trabajo de la segunda vuelta y superar los cuarenta puntos. Mucho se ha hablado del despertar del equipo; jugadores como Barrenechea, Luis Rioja, Diego López, Sadiq o Tárrega representan la cara amable de la plantilla. Sin embargo, el Valencia también convive con otros casos que no han tenido un progreso tan positivo.
Que el entorno del Valencia tenga ilusión por ganar el siguiente partido. Ni miedo ni angustia, ni tampoco una necesidad en la que poco menos que nos va la vida. Sino simplemente eso, ilusión por seguir creciendo un poco más, por poder mirar hacia arriba aunque sea de reojo y por una vez, que es algo que ya hemos perdido como costumbre desde hace unos años. Que el fútbol sea una sonrisa, aunque sea pequeña, y no un agobio existencial.
"El Valencia tiene una opción de compra, por lo tanto hay que esperar plazos. Tendrían que preguntar primero al Valencia. Umar Sadiq es un jugador que vino a la Real Sociedad, tiene unas características muy específicas y tuvo la mala suerte que se lesionó en cortísimo plazo de una de las peores lesiones que puede tener un jugador, que es el cruzado". Las palabras son de Jokin Aperribay, presidente de la Real, y dejan bastante claras muchas cosas.
La historia del Valencia contemporáneo debe cambiar, de forma radical, en 180 grados. 2019 fue el principio del fin a una buena época, no extraordinaria, no nos volvamos locos ni menospreciemos nuestra propia historia, pero sí buena.
¿El Valencia va a vender a Mosquera? ¿No existe otra alternativa para el central alicantino? ¿Es imposible que pueda renovar con una cláusula “moderada” y seguir aquí más allá de 2025? ¿O incluso de 2026? ¿Ha empezado el baile en el que todo vale y donde las noticias, o más bien rumores, van a ser el pan nuestro de cada día?
Si eres del Valencia, es imposible no emocionarte con José Luis Gayà. En estos tiempos oscuros que nos ha tocado vivir, él es una de esas cosas que nos recuerda muy bien quiénes somos, y quiénes queremos volver a ser. Ese compromiso inquebrantable de los que están donde quieren estar, que saben dónde están, y que tienen muy claro que el escudo va por delante de todo y de todos, y si hay que jugar sangrando, se juega sangrando.
En el Valencia tenemos que pensar en ganar a Las Palmas, sin más, y de alguna forma, sin menos, que lo del sábado no va a ser nada fácil, que ellos se juegan la vida y eso da una energía extra que nosotros conocemos muy bien.
1 de mayo y seguimos sin saber muchas cosas básicas del Valencia del año que viene. Seguimos sin saberlas nosotros, porque quiero pensar que dentro sí lo tienen claro, que eso sí sería para preocuparse. Y que lo tengan claro tampoco es que sea algo como muy optimista por necesidad, porque las órdenes que pueden haber llegado desde Singapur pueden ser cualquier cosa, pero cualquiera, y ya deberíamos tener claro a estas alturas que ahí no se puede hacer nada.
El Valencia prepara el importante compromiso ante la UD Las Palmas, es el momento de rematar el buen trabajo de la segunda vuelta y superar los cuarenta puntos. Mucho se ha hablado del despertar del equipo; jugadores como Barrenechea, Luis Rioja, Diego López, Sadiq o Tárrega representan la cara amable de la plantilla. Sin embargo, el Valencia también convive con otros casos que no han tenido un progreso tan positivo.
Que el entorno del Valencia tenga ilusión por ganar el siguiente partido. Ni miedo ni angustia, ni tampoco una necesidad en la que poco menos que nos va la vida. Sino simplemente eso, ilusión por seguir creciendo un poco más, por poder mirar hacia arriba aunque sea de reojo y por una vez, que es algo que ya hemos perdido como costumbre desde hace unos años. Que el fútbol sea una sonrisa, aunque sea pequeña, y no un agobio existencial.
"El Valencia tiene una opción de compra, por lo tanto hay que esperar plazos. Tendrían que preguntar primero al Valencia. Umar Sadiq es un jugador que vino a la Real Sociedad, tiene unas características muy específicas y tuvo la mala suerte que se lesionó en cortísimo plazo de una de las peores lesiones que puede tener un jugador, que es el cruzado". Las palabras son de Jokin Aperribay, presidente de la Real, y dejan bastante claras muchas cosas.