El Valencia de Javi Gracia es muchas cosas, pero quizá, por encima de todas las que nos vengan a la cabeza, es bipolar. Puede, en un mismo partido, en un mismo periodo del mismo partido, parecer un equipo absolutamente vulgar y nada trabajado y unos minutos después un grupo ambicioso, con las ideas claras y que busca el marco contrario como si no hubiera mañana.