Desde la salida de Marcelino el Valencia careció de personalidad, con Celades los resultados fueron aceptables al principio pero el efecto se diluyó en parte porque el técnico no supo ganarse a los pesos pesados del vestuario. La crisis de identidad se acentuó con Javi Gracia y una gestión más propia de enemigos que hicieron mucho daño al Valencia.