Que el entorno del Valencia tenga ilusión por ganar el siguiente partido. Ni miedo ni angustia, ni tampoco una necesidad en la que poco menos que nos va la vida. Sino simplemente eso, ilusión por seguir creciendo un poco más, por poder mirar hacia arriba aunque sea de reojo y por una vez, que es algo que ya hemos perdido como costumbre desde hace unos años. Que el fútbol sea una sonrisa, aunque sea pequeña, y no un agobio existencial.