“Ese jugador es un traidor, un judas”. Pongamos el equipo que queramos, el jugador que queramos. Yo mismo sigo negándome a llamar a Mijatovic por su nombre y le llamo “el que llevaba el 8 en la 95/96”. Posturas irracionales, absurdas, propias de un crío al que le afectó algo más de la cuenta. Si pasara eso mismo ahora, mi visión sería totalmente distinta, no tendría nada que ver, y no tengo ningún reparo en decir que ese tipo de expresiones son violentas, maleducadas, manchan el fútbol.