"Si Corona, Layhoon, Solís e Inma Ibáñez tuvieran dignidad, dimitirían de sus cargos en el Valencia". Tengo que decir que, cuando escucho eso de la dignidad, pienso que con la ajena no se tendría que jugar, porque es demasiado fácil.
"Si Corona, Layhoon, Solís e Inma Ibáñez tuvieran dignidad, dimitirían de sus cargos en el Valencia". Tengo que decir que, cuando escucho eso de la dignidad, pienso que con la ajena no se tendría que jugar, porque es demasiado fácil.
¿Nadie ha pensado en la posibilidad de que el Valencia no lo haga todo mal? Ya sé que eso ahora mismo no se contempla, y quien se atreve a decirlo es un blanqueador, y un meritoner, y un mamador… en fin, todo el lote que viene con este tipo de cuestiones. Que el club ha estado hecho unos zorros es algo evidente, porque no se cae al pozo en el que vivimos por hacer las cosas bien.
Ser del Valencia es lo más grande que pueda haber. El pasado jueves, mi buen amigo Ricardo Gimeno me mandaba un vídeo de su hija mayor Candela. 120 nanos de la parroquia de San Pascual Bailón, que están preparando la confirmación, y que que venían de hacer 250 kms del Camino, entraban en Santiago de Compostela tomando las calles al grito de “Mestalla se pregunta, quiénes somos”.
"El entorno del Valencia puede conseguir que Peter Lim venda sus acciones". El mensaje, más o menos textual, es algo que se viene repitiendo de forma cíclica, y resulta muy peligroso. Y la razón es que eso es imposible, y no porque yo lo diga, que insisto en que el tiempo de este señor aquí acabó hace ya mucho, sino porque para que venda alguien tiene que comprar, y para poderlo hacer se debe tener dinero, y eso ya empieza a ser una montaña muy empinada.
"De Mestalla va a depender el futuro deportivo del Valencia (y ningún otro futuro)". Es es el resumen de un maravilloso hilo de twitter obra del escritor, músico y valencianista Sergi Calvo. Se puede estar o no de acuerdo con él, pero en gran medida, explica de manera perfecta lo que pasa en el club y, sobre todo, lo que va a pasar en el corto y medio plazo.
Un Valencia plagado de niños y sin fichajes no es un plan razonable. Muchos chicos del filial, que ya era algo habitual el año pasado, gente como Javi Guerra, Diego López o Alberto Marí convertidos poco menos que en referentes del equipo, jugadores como Fran Pérez, que debía estar en Elche, con sitio en la plantilla, y en el once, opciones para gente del filial para ser el cuarto central de la plantilla, o incluso algo más en función del puesto de Diakhaby...
“Lo que queremos del Valencia es que haya sentido común por encima de todo”. Están siendo semanas en las que, por las cosas de la vida, estoy teniendo la oportunidad de hablar con mucha gente importante del club. Los que vayan ahora a insultar con las burradas clásicas se lo pueden ahorrar, o que hagan lo que quieran, que me va a dar igual.
El que piense en fundar otro Valencia, no es de este Valencia, el de 1919, del del Bar Torino, el que lleva jugando 100 años en Mestalla, el de nuestros abuelos, padres, hijos y nietos. Y me da igual que se enfade nadie, ya lo siento si es así, pero la solución a los problemas no puede ser darle un golpe al tablero, que salten las fichas y empezar otra vez. No tenemos sentido del sacrifico, del esfuerzo, de lo que hicieron muchos miles antes que nosotros para mantener esta institución en pie.
"Si Corona, Layhoon, Solís e Inma Ibáñez tuvieran dignidad, dimitirían de sus cargos en el Valencia". Tengo que decir que, cuando escucho eso de la dignidad, pienso que con la ajena no se tendría que jugar, porque es demasiado fácil.
"El entorno del Valencia puede conseguir que Peter Lim venda sus acciones". El mensaje, más o menos textual, es algo que se viene repitiendo de forma cíclica, y resulta muy peligroso. Y la razón es que eso es imposible, y no porque yo lo diga, que insisto en que el tiempo de este señor aquí acabó hace ya mucho, sino porque para que venda alguien tiene que comprar, y para poderlo hacer se debe tener dinero, y eso ya empieza a ser una montaña muy empinada.
¿Nadie ha pensado en la posibilidad de que el Valencia no lo haga todo mal? Ya sé que eso ahora mismo no se contempla, y quien se atreve a decirlo es un blanqueador, y un meritoner, y un mamador… en fin, todo el lote que viene con este tipo de cuestiones. Que el club ha estado hecho unos zorros es algo evidente, porque no se cae al pozo en el que vivimos por hacer las cosas bien.
"De Mestalla va a depender el futuro deportivo del Valencia (y ningún otro futuro)". Es es el resumen de un maravilloso hilo de twitter obra del escritor, músico y valencianista Sergi Calvo. Se puede estar o no de acuerdo con él, pero en gran medida, explica de manera perfecta lo que pasa en el club y, sobre todo, lo que va a pasar en el corto y medio plazo.
Ser del Valencia es lo más grande que pueda haber. El pasado jueves, mi buen amigo Ricardo Gimeno me mandaba un vídeo de su hija mayor Candela. 120 nanos de la parroquia de San Pascual Bailón, que están preparando la confirmación, y que que venían de hacer 250 kms del Camino, entraban en Santiago de Compostela tomando las calles al grito de “Mestalla se pregunta, quiénes somos”.
Un Valencia plagado de niños y sin fichajes no es un plan razonable. Muchos chicos del filial, que ya era algo habitual el año pasado, gente como Javi Guerra, Diego López o Alberto Marí convertidos poco menos que en referentes del equipo, jugadores como Fran Pérez, que debía estar en Elche, con sitio en la plantilla, y en el once, opciones para gente del filial para ser el cuarto central de la plantilla, o incluso algo más en función del puesto de Diakhaby...
“Lo que queremos del Valencia es que haya sentido común por encima de todo”. Están siendo semanas en las que, por las cosas de la vida, estoy teniendo la oportunidad de hablar con mucha gente importante del club. Los que vayan ahora a insultar con las burradas clásicas se lo pueden ahorrar, o que hagan lo que quieran, que me va a dar igual.
El que piense en fundar otro Valencia, no es de este Valencia, el de 1919, del del Bar Torino, el que lleva jugando 100 años en Mestalla, el de nuestros abuelos, padres, hijos y nietos. Y me da igual que se enfade nadie, ya lo siento si es así, pero la solución a los problemas no puede ser darle un golpe al tablero, que salten las fichas y empezar otra vez. No tenemos sentido del sacrifico, del esfuerzo, de lo que hicieron muchos miles antes que nosotros para mantener esta institución en pie.