La resaca de los cinco goles del Rayo ha sido dura de digerir. Ayer fue un día complicado en Orriols, con reuniones, llamadas y mucho análisis. El ruido de la derrota ha llegado a todos los rincones, pero en el vestuario, pese a que la preocupación es un hecho, están convencidos de que van a sacar esto adelante y de que el equipo no va a descender pese al canguelo que le ha entrado a una buena parte del levantinismo, especialmente crítico con su equipo.