El Valencia 15/16, el de Nuno, Voro, Neville y Ayestarán, fue el peor de los últimos 30 años, rozando el descenso en aquel partido en casa contra el Sevilla, y acabando el año con unas horribles sensaciones. Cuando en mayo acaba la pesadilla, la función de Jesús García Pitarch era la de limpiar un vestuario podrido y con jugadores caros y acomodados, y que en el banquillo hubiera un entrenador.