Mi padre siempre fue del sector 8, tampoco le pregunté nunca la razón, pero me empezó a llevar en los 70, cuando la grada era de una pieza, sin anillos, antes de las obras de remodelación del Mundial 82 que hicieron Mestalla más moderno, pero sumieron al Valencia en una deuda de la que tengo la sensación que jamás hemos salido, aquella deuda histórica, que siempre precedía a la histérica, luego más tarde a un paso de la bancarrota, y por último, a Peter Lim.