Cuando las cosas van mal, los buenos del equipo deben pedir el balón y resolver. En el Valencia 22/23, que arranca la segunda vuelta un punto por encima del descenso, este concepto básico toma una relevancia enorme. Primero porque no andamos sobrados de jugadores diferenciales. Segundo porque todos tienen que estar siempre en su mejor versión, o la más cercana a ella.