Voro no es un gran entrenador, y el primero que lo sabe y admite es él. Porque, de alguna manera, no es entrenador, sino un tipo de la casa que se come marrones desde 2008 como si no costara. SI termina la temporada, que sería señal de que las cosas no van peor que hasta ahora, se va a plantar en casi 60 encuentros dirigido en un club como el nuestro, que es algo de lo que no pueden presumir muchos.