El fútbol es caprichoso y en ocasiones cruel, no podemos llamarlo injusto ya que en este juego las premisas están claras y el ganador siempre es legítimo. Eso sí, partidos como el de ayer demuestran que muchas veces el premio no va acorde a los méritos, el Valencia evitó el desastre pero no así el ridículo. La fortuna de los últimos minutos y la lógica desequilibraron el partido, pero lo visto fue intolerable.