Peter Lim insiste en no vender el Valencia. No ha contestado a la petición de una reunión que le ha hecho de manera formal “de Torino a Mestalla” (que debería recibirlos, primero por educación, y segundo porque uno no puede vivir de espaldas a la realidad aunque sea el máximo accionista y esté a 12.000 kilómetros de distancia), y rechazar a todo aquel que le viene con una oferta de compra de sus acciones.