Cesare Prandelli montó un circo que el Valencia, por muy mal que pueda estar y fatales las cosas haya podido hacer, no se merecía, porque al final le sacó del paro, le puso un buen contrato, y le explicó que venía a un club especial, con un dueño que llama Peter Lim, y donde las decisiones se toman de un modo distinto al fútbol tradicional. Prandelli dimite y cuando sale a explicar la razón se la caen todos los palos del sombrajo, porque no tiene base, no tiene fuerza.