El mayor valor que tiene un club, cualquiera, es su afición, es su patrimonio más allá de estadios, ciudades deportivas o dueños de cualquier país, y desde luego, no es que quitarle importancia a Mestalla, a Paterna o a Peter Lim, pero que 2000 personas, muchos padres con sus hijos pequeños, los que ahora están desarrollando el ADN futbolero, acudan a ver un entrenamiento en Navidad, debe ser tomado en su total importancia.
