Cuando el sorteo de las semifinales de Copa del Rey deparó un Barcelona – Valencia, todos teníamos claro que la empresa iba a ser difícil, que jugar contra el mejor equipo del mundo a doble partido siempre es un problema, y que para jugar la gran final, Gary Neville y sus jugadores tendrían que obrar poco menos que un milagro, pero lo que nadie, o muy pocos, podíamos pensar, es que el equipo volvería del Nou Camp con la peor derrota del Siglo XXI, la más abultada desde 1993