No he hablado hasta hoy, públicamente, y no lo volveré a hacer, porque el silencio, el quedarme todo esto para mi, ha sido lo que he hecho hasta ahora, es mi forma de pensar y actuar, y no voy a cambiarla ahora. El 30 de diciembre de 2015 queda en mi cabeza, en mi alma, como un día de mierda, como el día en el que los mejores 50 meses de mi vida, en el que un trabajo, un sacrificio y una dedicación que no se paga con dinero, se van al retrete.