El miedo puede matar al Valencia y a todos los que estamos alrededor. Miedo a despeñarnos por un barranco como hace 37 años, y esta vez con una posible serie de efectos que nadie sabe qué magnitud podrían llegar a tener. Que no debamos ser presa del pánico no exime de que seamos conscientes de dónde estamos, de las razones por las que estamos ahí y quién tiene la culpa. Son temas completamente distintos. Primero el uno, y luego el dos.