Perder en Mestalla 22 partidos después, hacerlo contra el Sporting, un rival netamente inferior, ver cómo Negredo es el centro de todas las miradas porque no le hubiera marcado ni a una portería que fuera de banderín a banderín de córner, apuntar a Gary Neville como responsable de la situación por su inexperiencia, y que el gran culpable de todo sea Peter Lim, ni ha sido un sueño, ni un desliz de una noche loca que se arregle con pastillas del día después.