Peter Lim no se levantó una mañana y quiso desesperadamente comprar el Valencia, sino que fue llamado por Amadeo Salvo y Aurelio Martínez para salvar al club de su desaparición, y meterlo en una puja en la que había mucha gente oscura y algunos presuntos delincuentes, que le costó 100 millones de euros de salida, para limpiar el trasero a la Fundación y al plan de Llorente, y de paso, sacar a la Generalitat Valenciana