El Valenca termina el año con una nota muy clara: desastre. Y no añadimos lo de absoluto porque se ha salvado la categoría, que era algo que en diciembre y enero nos tenía a todos sin dormir, porque no estaba nada claro si el equipo no reaccionaba. Nos hemos agarrado a Mestalla, y con los puntos sacados en casa hemos podido alcanzar ese mínimo para llegar al final sin tener que mirar a ninguna parte. Pero eso no quita lo que es la temporada: la peor del club desde 1986. Con diferencia.