El entorno del Valencia es el peor de la historia. En algunos momentos da verdadero asco, y si alguno se enfada por ello, ya sabe que la sección de insultos personales está en otra ventanilla. Aquí debe haber libertad para todos, y si se puede increpar a empleados de la entidad en plena calle, y que nadie diga que le parece mal, también se puede argumentar que esta forma de "hacer oposición" no tiene ni pies ni cabeza, porque así no se consigue nada.