Si a los 56 minutos vas ganando 1-0, tienes un hombre más sobre el terreno de juego y dispone de un penalti a favor puedes decir sin temor a equivocarte que tienes la situación encarrilada. Pero que esté encarrilada no significa que esté decidida. Al menos no en Mestalla. Ese era el propicio escenario que disfrutaba el Valencia frente Valladolid antes de dejarse empatar y obligarse a vivir de nuevo un final de infarto en el que esta vez Jonas fue el salvador.