Siempre he sido un bicho raro en mi profesión, porque jamás me ha podido comprar nadie con dinero, aunque sí he creído en las ideas del Valencia de Paco Roig (al que niegan haber levantado al valencianismo de un letargo eterno), en el de Juan Soler (que fue un iluso soñador, que dejó de patrimonio a Villa, Silva o Mata y un estadio a medio hacer que es el futuro), y en el de Peter Lim, porque me